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El que ama no calcula: «el Mencho» y otros que cayeron por sus deseos carnales

Si usted cree que el amor es una simple cuestión de mariposas en el estómago y poemas mal escritos, las fuentes históricas y los expedientes judiciales ofrecen otra lectura: el deseo es, ante todo, un rastro de metadatos que puede ser explotado.

A lo largo de los siglos, desde la Roma imperial hasta las juntas directivas de Silicon Valley, el corazón no solo ha marcado el destino de los amantes; también ha funcionado como la vulnerabilidad estratégica que imperios, agencias de inteligencia y departamentos de recursos humanos han utilizado para poner fin a carreras que parecían invencibles.

El Mencho y el peligro de las escapadas románticas

La historia más reciente llega desde las zonas boscosas de Jalisco, donde Nemesio Oseguera Cervantes, alias el Mencho, comprobó que ni siquiera el líder del Cartel Jalisco Nueva Generación es inmune a las flechas de Cupido o a los helicópteros de la Fuerza Aérea. Según los reportes oficiales, el capo cayó por una reunión íntima en un complejo de cabañas en Tapalpa.

La inteligencia militar no necesitó adivinos; siguió a un hombre de confianza de una de sus parejas. La mujer llegó al inmueble el 20 de febrero y se retiró el 21. Para entonces, el cerco militar ya estaba montado.

El deseo de proximidad física dejó un rastro que derivó en un enfrentamiento violento, una huida por el bosque y el fallecimiento del capo antes de llegar al hospital. En el mundo del crimen organizado, el amor no solo es ciego; también deja coordenadas.

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